Cultivar plantas en casa no es solo un placer, sino que aporta numerosos beneficios. Permite cosechar de forma natural alimentos para el autoconsumo, plantas medicinales o hierbas aromáticas o simplemente tus flores favoritas. Tanto si se cuenta con un pequeño balcón como con un amplio jardín, es posible crear un huerto propio y ponerse manos a la obra. Sin embargo, el invierno es una estación muy dura para las plantas, por lo que puede resultar más complicado cuidar las plantas y mantenerlas en óptimas condiciones.
Un invernadero es el mejor aliado para proteger tus plantaciones durante los meses de frío y los hay para todos los tamaños y presupuestos.
Hazte con un invernadero: Los invernaderos pueden convertirse en la mejor solución para proteger las plantas de las bajas temperaturas y de las inclemencias climáticas que pueden dañarlas como el viento, la lluvia o la nieve. El invernadero se encarga de atrapar el calor y bloquear la escarcha de forma que las plantas permanezcan seguras y tibias en todo momento. Son una herramienta muy útil en jardinería porque proporcionan un ambiente controlado donde garantizar las condiciones adecuadas de temperatura y humedad que necesiten los diferentes tipos de cultivos, incluso las plantas propias de otros climas como las tropicales. Esta estabilidad ambiental también permite disfrutar de cosechas durante todo el año y favorece un crecimiento de las plantas más rápido de lo normal.
Al contrario de lo que se podría pensar, no es necesario tener un amplio jardín o terraza para poder tener tu propio invernadero, ya que los hay de todos los tamaños, incluso invernaderos pequeños o de sobremesa, perfectos para un balcón pequeño, y a precios muy económicos.
Es importante elegir un invernadero del tamaño adecuado para que las plantas no estén amontonadas y haya circulación del aire entre ellas. Además, hay que evitar situarlas en los bordes y pegadas a las paredes de los invernaderos porque les podría afectar el frío nocturno y la luz directa del sol.
Reduce el riego: La combinación de temperaturas bajas y escasas horas de luz provoca que las plantas entren en un periodo de hibernación o reposo, en el que se reduce su velocidad de crecimiento, pero también sus necesidades de nutrientes y de agua. En invierno, un exceso de riego puede resultar muy nocivo e incluso llegar a matar ciertas especies. Un buen truco es optar por utilizar un pulverizador manual y emplear agua tibia para que no sufran un cambio de temperatura brusco. Por los mismos motivo, también se recomienda evitar el uso de fertilizantes durante los meses de invierno y en caso de que sea necesario optar por un abono de liberación lenta y aplicarlo diluido al menos en un 50%.
Evita los trasplantes: Es mejor esperar a primavera para realizar trasplantes y cambios de maceta, ya que requieren de un esfuerzo por parte de la planta para el que no está preparada en los meses de letargo.
Controla las plagas: Aunque son más habituales en los meses de verano, hay dos propias del invierno: la araña roja y la cochinilla. Además, el ambiente en un invernadero favorece que puedan proliferar los parásitos o enfermedades, por lo que se deben eliminar las hojas mustias y revisar el resto de la plantas con frecuencia para comprobar que no haya ningún problema que se pueda contagiar al resto.
